Cuando un padre busca un Omega-3 para sus hijos, lo más común es fijarse en la cantidad total de aceite o en el precio. Pero hay un detalle mucho más importante que suele pasar desapercibido: la proporción entre DHA y EPA. No es lo mismo darle a un niño un Omega-3 pensado para adultos que uno formulado específicamente para su edad. La diferencia está en cómo se construye un cerebro en desarrollo.
¿Qué son el DHA y el EPA y por qué no son iguales?
El DHA (ácido docosahexaenoico) y el EPA (ácido eicosapentaenoico) son los dos ácidos grasos omega-3 más importantes que encontramos en el pescado y los suplementos de calidad . Pero cumplen funciones muy distintas en el organismo.
El DHA es un componente estructural fundamental de las membranas que rodean cada célula del cuerpo. Las concentraciones de DHA son especialmente altas en la retina del ojo, el cerebro y el sistema nervioso . De hecho, el DHA conforma entre un 30% y un 40% del total de ácidos grasos en los bastones de la retina, donde participa en la transmisión de señales visuales .
El EPA, por su parte, tiene un rol más funcional. Actúa como modulador de la inflamación y apoya la salud cardiovascular. Mientras el DHA es como el “ladrillo” con el que se construye el cerebro, el EPA es más bien el “mantenimiento” que lo mantiene funcionando bien.
¿Por qué los niños necesitan más DHA que EPA?
Durante la infancia, el cerebro está en plena construcción. Las conexiones neuronales se crean y refuerzan constantemente, y el DHA es uno de los materiales principales para esa obra . Un niño no es un adulto pequeño: su cuerpo está priorizando la formación de estructuras, no solo su mantenimiento.
Los estudios muestran que el DHA es fundamental desde la concepción y durante todo el crecimiento infantil. En el neonato, los niveles de DHA dependen de las concentraciones en la madre durante el embarazo, y tras el nacimiento se produce una rápida disminución si no se asegura un aporte adecuado . Por eso, los primeros años son una ventana crítica para garantizar suficiente DHA en la dieta.
El problema es que muchos suplementos de Omega-3 para adultos tienen una proporción equilibrada o incluso mayor de EPA, porque están pensados para objetivos como la salud cardiovascular o el control de la inflamación en personas adultas. Darle ese mismo producto a un niño, aunque sea en menor dosis, no cubre su necesidad específica de DHA.
¿Qué pasa si un niño no recibe suficiente DHA?
La disminución de DHA en el cerebro y la retina puede interferir con la neurogénesis normal y la función neuronal . En términos más simples, el cerebro no se construye de manera óptima. Algunas señales de que un niño podría necesitar más DHA incluyen:
Dificultad para mantener la atención en tareas que requieren concentración
Fatiga mental después de la jornada escolar
Desarrollo visual que no parece del todo fluido
Infecciones frecuentes (recordemos que el DHA también apoya el sistema inmunológico)
No se trata de alarmarse, sino de entender que la nutrición infantil tiene requerimientos específicos. La evidencia científica respalda que el DHA es condicionalmente esencial en las etapas tempranas de la vida, dado que la capacidad del cuerpo para producirlo a partir de otros nutrientes es muy limitada .
La proporción ideal en la infancia
Aunque no existe una recomendación única aceptada universalmente, los especialistas coinciden en que durante la infancia se necesita un aporte significativamente mayor de DHA que de EPA. Mientras que un adulto puede beneficiarse de una proporción equilibrada o incluso inclinada hacia el EPA (por ejemplo, para salud cardiovascular), un niño en crecimiento necesita priorizar el DHA.
Esto tiene sentido si pensamos en la leche materna, el estándar de oro de la nutrición infantil. La leche humana contiene DHA de forma natural, en proporciones que varían según la alimentación de la madre pero que siempre favorecen este ácido graso sobre otros.
Darle a un niño “un poquito” del Omega-3 de los adultos es como darle herramientas de taller cuando necesita bloques de construcción. Ambos son útiles, pero para cosas muy distintas. La buena noticia es que hoy existen opciones formuladas específicamente para la infancia, con la proporción adecuada de DHA, vitaminas complementarias y, además, con sabores que los niños aceptan sin pelea. Porque de nada sirve el mejor nutriente si queda en el frasco.
Antes de comprar, tomate un minuto para leer la etiqueta y preguntarte: ¿este producto está pensado para la edad de mi hijo? Su desarrollo te lo va a agradecer.
Bibliografía:
National Institutes of Health (NIH) Office of Dietary Supplements. (2022). Ácidos grasos omega-3 – Datos en español. Recuperado de https://ods.od.nih.gov/factsheets/Omega3FattyAcids-DatosEnEspanol/
Gil-Campos, M., & Dalmau Serra, J. (2010). Importancia del ácido docosahexaenoico (DHA): funciones y recomendaciones para su ingesta en la infancia. Anales de Pediatría, 73(3), 142.e1-142.e8. Recuperado de https://www.analesdepediatria.org/es-importancia-del-acido-docosahexaenoico-dha–articulo-S1695403310002122

